Truman Capote
(vía nocternity)
Vladimir Nabokov catching butterflies
Para mí, lo que la gente escribe es como un peso colocado en el suelo. Me basta con acercarme y decidir si seré o no capaz de levantarlo. Si seré capaz de traspasar ese límite. […] Todo se reduce al estilo. Una generación se diferencia de otra por algo tan simple como esto: si en una época se escribe ‘La mañana olía a rosas’, los escritores de la siguiente generación ¡le dan la vuelta! Y resulta algo como ‘La mañana olía a meados’, pero el truco es el mismo, eso no varía. La innovación no es eso”.
Stanislaw Lem
En ausencia de la invención, la autobiografía más profunda no es posible.
Jonathan Franzen
Freedom
Franzen había hecho a sus padres una promesa solemne: si no publicaba su primer libro antes de cumplir los 25, se daría por vencido y entraría a estudiar Derecho. Y el libro, el terco primer libro, no llegaba. “Pero de alguna manera completé las 10.000 horas de trabajo que, según algunos, necesitas antes de llegar a alguna parte”, me dijo. En 1985, en un período de diez (intensos) meses, escribió el libro entero. “Y me acuerdo del día en que lo terminé: era a comienzos de noviembre, estaba trabajando en el porche de un piso que teníamos en los suburbios de Boston. Hacía un frío terrible, pero yo me había quedado afuera porque estaba fumando y mi mujer había dejado el cigarrillo recientemente. Cuando me di cuenta de que había terminado, me sentí exhausto y lleno de excitación. Puse los 18 capítulos en una pila y mi mujer me tomó una foto junto a ese manuscrito. Cuando llegó la foto, mi imagen era horrible. Había pasado diez meses trabajando siete días a la semana, fumando casi hasta matarme. Me veía como un hombre de sesenta años.”
Durante siete años anduve día y noche con una sola obsesión: ella. Si hubiera un cristiano tan fiel para con Dios como yo lo fui para con ella, hoy todos seríamos Jesucristos.
prioridades
Toda gran pasión desemboca en lo infinito
Michel Houellebecq









